Chile Ayuda a Chile (Evitando Los Mismos Errores del Pasado)
Ayer fue la Teletón para recaudar fondos a favor de los damnificados por el terremoto y tsumami que la semana pasada afectó varias regiones del país. Luego de un gran esfuerzo nacional se juntaron cerca de US$60 millones. No es mucho si consideramos que sólo en infraestructura crítica (incluyendo caminos, puentes y otras obras públicas básicas), ya se han estimado daños preliminares por cerca de US$1200 millones. Sin embargo, aunque económicamente de un impacto limitado, esta clase de esfuerzos ayuda a generar más unidad y a mover voluntades.
Me parece que, en el largo plazo, es este último tema el que más importa, en la medida en que esa movilización de voluntades sea más que una simple solidaridad movida por las circunstancias y se transforme en cambios significativas en múltiples prácticas propias de nuestro país. Aquí quiero analizar una en particular.
Más allá del impacto inicial
Mi temor es que nos quedemos sólo paralizados en la efímera alegría de un pequeño pero significativo logro. La Teletón no es sino el principio. Y más allá del dinero recaudado, es importante que lo que se haga implique (o ayude a producir) cambios significativos. Mi mayor preocupación es esta: Ojalá que las viviendas provisorias que se construirán gracias a esta Teletón BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA se construyan en el mismo lugar que las arrasadas por Tsunami.
En Chile algunas personas creen que es llegar y construir al lado de la playa. Eso es un error.
No es aceptable que se construya en el borde costero, en zonas de riesgo. CHILE ES UN PAÍS SÍSMICO. Hay que entender eso. Obviamente esto no significa que esté proponiendo el absurdo de no construir en ninguna parte del borde costero. Hay zonas mas riesgosas que otras, por geografía o intervención humana. Me imagino que cualquier persona normal podría entender que no es lo mismo una playa plana en que las casas están a metros del mar que otra en que hay una pendiente pronunciada y donde las casas quedan más alejadas y “en altura” y donde además existan protecciones en el borde costero que pueden, al menos, reducir parte del impacto. Es un tema de “probabilidades” donde hay que evaluar los terrenos más riesgosos.
Y no es sólo en las playas. Hay zonas tales como cauces de ríos o quebradas precordilleranas que son mucho mas riesgosas. En Santiago, por décadas tuvimos muchos asentamientos precarios a orillas del río Mapocho que ofrecían muy a menudo tristes recordatorios -con pérdidas humanas- de la imposibilidad de habitar ciertas áreas. Estoy seguro que muchas playas deben entenderse de igual manera. No porque la gente haya vivido ahí por décadas debe permitirse el desarrollo de poblados en zonas de alto riesgo.

Mi propuesta para el nuevo gobierno
Sugiero que aprovechando esta dramática coyuntura el próximo gobierno cree zonas de exclusión inmobiliaria en áreas costeras de más riesgo. En esas zonas se debe prohibir viviendas y se deberían crear “memoriales” de esta tragedia para crear conciencia a futuras generaciones.
Sólo dando un estatus legal especial (prohibición de construir viviendas) y creando parques y espacios memoriales se reduce este riesgo. Con esos memoriales -que por ejemplo pueden incluir monumentos recordatorios a las víctimas-, se evitará no tan sólo que los antiguos pobladores vuelvan a construir donde mismo sino que también que inescrupulosos intereses empresariales pretendan adueñarse de un suelo que seguramente estará devaluado producto de la tragedia. Por cierto, no se trata de impedir la actividad de pescadores o caletas pesqueras (actividades productivas básicas), sino de limitar la instalación de viviendas.
Lo importante de estas tragedias es aprender lecciones y cambiar nuestras practicas sustantivamente. No podemos seguir IGUAL que antes.
